miércoles, 1 de julio de 2009

Rubí


Tu aliento carmesí,
tu flor de lis junto a mi boca.
Fumar de tu rubí.
Quererte así, beberte a gotas.

- Babasónicos

La arena era un reflejo fiel del concepto de emoción colectiva automática. Todo el público en las gradas sabía que el Guerrero Universal haría una salida de bandera y sin embargo el alarido de sorpresa que siguió al golpe en el suelo de concreto fue general. El Vengador sobre el cuadrilátero hizo algunos gestos de regodeo ante sus aficionados que, generosos, le brindaron el aplauso. Después de eso trepó ágilmente a un esquinero y extendiendo los brazos preparó su vuelo.


El Guerrero en el piso sacudía su cabeza tratando de despejar el mareo producido por el golpe y se movía con torpeza. Performance de rigor para justificar su estancia en el lugar de aterrizaje del volador. También se frotaba la espalda y con esto lograba más realismo en el espectáculo. El público en el ring side en un inmediato reflejo se apartó para no estorbar el desarrollo de la lucha y de paso obtener una mejor vista del vuelo del Vengador.

Rubí desde la segunda fila no se movió de su lugar, tampoco estaba como todos a su alrededor mirando al Vengador. Ella fue la única en notar la queja del Guerrero al caer y al parecer también era la única en tener la certeza de que el dolor que manifestaba en la espalda era real. No sabía cómo, pero estaba segura de eso. Aún cuando la máscara del Guerrero cubría también ojos y boca, ella percibía su dolor.

El Guerrero supo desde el momento en que cayó que se había lastimado. Sentía una especie de ardor frío en su espalda baja y el hormigueo en sus piernas lo alarmó. Sus reflejos laborales lo hicieron continuar con su evolución pronto a recibir a su contrincante. Más que su dolor, le preocupaba la seguridad de su compañero. No sabía si su espalda lo soportaría.

Tras un instante que a los tres les pareció eterno, el Vengador hizo su salto. Ajeno a la lesión de su adversario, el joven rudo puso todo su empeño en lograr un vuelo estético, alto e impresionante. Su juventud y las interminables horas de entrenamiento hicieron que lograra un bello lance. La multitud enmudeció.

En el suelo de concreto el Guerrero Universal estaba en realidad mareado. Sólo recordaba haber sido empujado por Rubí y el murmullo antes del silencio total. Al voltear hacia donde debía haber estado miró al Vengador y a Rubí yacer en el piso que poco a poco se cubría de carmesí.

Mi segunda tarea para mi curso de hipercuento en UdGVirtual. Dedicado a mi gran amigo el GUERRERO UNIVERSAL de La Piedad Michoacán y a uno de sus pupilos avanzados el VENGADOR. El nombre de Rubí salió de andar escuchando a los Babas. La foto es de Quicho Olivares con un efectillo que yo le apliqué. En ella, el verdadero vuelo del Vengador sobre el Chale, hermano del Guerrero Universal. Gracias a todos!

domingo, 19 de abril de 2009

Chupando Sangre


Se puede ser
cualquier cosa en la vida,
cualquiera,
menos perder el estilo.
¿Cuál era la diferencia
entre clase y estilo?

- Diego Moreno en
El Hombre que vino del Sur


Medina llegó a la Universidad aun con la molestia de Pardo dándole vueltas en la cabeza. Por más que se decía a sí mismo que su reacción y proceder habían estado bien no podía dejar de pensar que el sujeto se merecía unos madrazos muy bien puestos para que se le quitara lo pedante. Lástima de billetes y de posición. Recordó unos textos leídos hace tiempo de un escritor sonorense que hablaban acerca de la diferencia entre la clase y el estilo. A Medina le quedaba claro que Pardo no tenía nada de clase ¿cuál sería el estilo de Pardo? Le vino a la mente la imagen de un personaje de Héctor Suárez que se llamaba El Pacha, igualito el desgraciado, cabello pintado, lleno de cadenas y joyas pero sin asomo de modales. Siendo benevolente a eso le podía llamar estilo. Estilo de mierda.

Caminaba rumbo a la sala de maestros cuando se encontró con el Inge Zazueta en su postura habitual. Junto a la puerta de la sala con sus listas bajo el brazo izquierdo, la mano en la bolsa. La derecha controlando el ir y venir del cigarro a sus labios. Hablando de clase, he aquí un buen ejemplo. El Ingeniero José Luis Méndez Zazueta, un tipazo. Uno de los mejores compinches que se pueda uno conseguir a la hora de ir a la tienda a comprar cigarros, unas cocas y sobre todo, para chupar sangre, como él le llamaba al acto de ocupar un buen espacio en el patio de la escuela y hacer crítica y comentario de todo y de todos. Sin embargo la charla muchas veces derivaba en el terreno futbolero o en el político. A Medina no le gustaba el fútbol, por lo menos no como a la mayoría de la gente. No tiene afición por ningún equipo desde que desaparecieron los Leones Negros. Seguía sintiéndose traicionado por la autoridad universitaria que se deshizo de la franquicia. Le gusta el fútbol como un buen deporte pero no le agrada el negocio ni la enajenación que hay alrededor de él. Le molesta el tratamiento de religión que el fútbol recibe por parte de las masas. Piensa que en ese sentido provoca el mismo daño que las religiones y como tales, cree que sirve sólo para enriquecer a sus jerarcas. De modo que la mayor parte de las veces sus pláticas con el Inge Zazueta eran acerca de política.

Medina tiene la impresión de que el Inge es un izquierdista declarado. Seguidor feroz e implacable del Peje López Obrador. Aún bastante encabronado por la derrota, justa o no, en los comicios del 2006. Juntos siempre se ponían a analizar y desentrañar el trasfondo de los acontecimientos políticos del país y sobre todo, de Jalisco. Que si la muerte del Secretario de Gobernación había sido un mensaje, un ajuste de cuentas o un vil accidente, que si los granadazos de Morelia llevaban dedicatoria. Que si el intercambio por parte del Gober de Jalisco de sicarios capturados por polis secuestrados era una falta de yemas… en fin. Todas ellas conversaciones llenas de la sazón inigualable del Inge Zazueta. Saludarlo le ayudaría a Medina a quitarse un poco del trago amargo de haber tratado el día anterior con un cabrón desgraciado e hijo de la chingada por añadidura como lo era el Licenciado Pardo.

- Master – Zazueta saludaba siempre de este modo.
- ¿Qué me cuenta Inge? ¿cómo le fue con sus últimos egresados de ingeniería industrial?

Zazueta le dio un par de caladas más a su cigarro antes de responder. Parecía estar paladeando la respuesta antes de emitirla.

- ¡ay cabrón! A toda madre, master ¿conoció usted a ese grupo?
- Desde luego ¿usted los apadrinó?
- Si. Y me invitaron a pistear a un bar de los que están en el andador de ahí de los Arcos de Zapopan. – Zazueta ponía cara de gusto nomás de recordarlo.
- ¿Y cómo le fue?
- Déjeme presumirle. Usted sabe que en ese grupo solamente había una alumna entre todos los barbajanes. Mari. Guapísima muchacha además de muy buena estudiante.

Medina no interrumpió, se limitó a asentir con la cabeza. Al tiempo que sacaba uno de sus Faritos de la bolsa del saco y lo encendía. Zazueta mientras tanto fumó del suyo antes de continuar.

- Pues como le decía, me invitaron a que los acompañara al bar, ella entre ellos y yo le dije que si, pero que solamente con una condición los iba a acompañar.
- ¿Cuál?
- Le dije que ese día se viniera bien arregladita, bien pintadita, con una faldita ¡bien buenota! Y además que nos quedáramos de ver ahí en la fuente junto a los Arcos a cierta hora. Verá usted si me di un gusto o no.

El profe Medina seguía fumando, tenía curiosidad de saber cómo acababa la cosa. Asintió una vez más con media sonrisa en la boca y preguntó:

- ¿y ella que hizo?
- Master, la verdad es que se esmeró. Se fue a todo lo que daba, como dicen. Bonito peinado, bonito vestido y sobre todo, excelente actitud. Le llevé un ramo de flores y una vez allí le ofrecí el brazo y le dije que camináramos por todo el andador, ida y vuelta un par de veces. Ella con su ramo de flores y yo con ella del brazo. Por el andador lleno de bares y sillas y mesas con un chingo de gente cotorreando, todos mirándonos.
- Pues la verdad es que si sé a qué muchacha se refiere, Inge y la verdad es que está guapísima ¿fue todo? ¿caminar ida y vuelta por el andador con ella del brazo?
- ¿le parece poco?
- No. La verdad es que no ¿y usted qué tal se la pasó?
- Divo. Como pavorreal. Con semejante muchacha del brazo y yo con todo el garbo que mis huesos me permitieron y todo nomás para que la raza dijera: "¡mira nomás a ese pinche viejo la muchacha tan guapa con la que va!"

Zazueta remató el relato con una bocanada triunfal de humo de su última fumada. De un garnuchazo tiró la colilla. Estaba radiante. De haber tenido un vaso con pisto en la mano Medina hubiera dicho ¡salud!

- ¿Y usted que trae que lo veo medio mal encarado?
- No me haga caso Inge. Usted me acaba de poner de buen humor. Me estaba acordando de un reverendo hijo de la chingada con el que traté ayer.
- ¿y eso?
- ¿conoce a un cabrón llamado Eric Pardo? Es licenciado y comercia con papel.
- ¿Pardo? ¿el padrote? Pregúntele a Don Agus, el le informará.

Medina volteó a mirar al Ingeniero Zazueta con su mejor cara de eres un master. No tenía un pisto en la mano, pero hizo el gesto de brindar con el Farito que tenía entre los dedos.

- salud, Inge
- salud

Por Carlos G Garibay


El anterior texto formará parte de la novela que estoy escribiendo aún sin un nombre definitivo. No acostumbro publicar nada de lo que a ese material concierne pero en este caso hago una excepción pues este capítulo está dedicado a mi colega profesor y amigo el Ingeniero Jose Luis Méndez Zazueta a quien le deseo la mejor de las suertes en su lucha contra el cáncer. Un caballero. Un abrazo

Carlos García Garibay

viernes, 27 de marzo de 2009

Yo estoy con Manu

En estos días adquiere una preocupante actualidad para mí un texto que desde hace tiempo ando preparando acerca de MANU CHAO. Desde septiembre del 2008 cuando vino a Guadalajara tenía el interés de escribir una crónica. Después comencé a elaborar el texto para cuestionarme a mi mismo sobre la reciente cercanía que tengo con algunos círculos políticos y que de repente me ponen a pensar sobre la buena calidad del estado de mi conciencia. Hoy cuando ya tengo el trabajo avanzado más de un 50% me encuentro con los problemas que el franco español tiene con la SEGOB a causa de unas declaraciones que hizo en su intervención en el 24 Festival de Cine de Guadalajara en esta semana que corre. Qué pena que estas cosas le pasen acá en mi ciudad natal.

Tengo mucho para escribir al respecto y poco tiempo para terminarlo. Espero hacerlo pronto. Mientras tanto, sigo al pendiente de los sucesos.

Sobra decir que Manu tiene mi apoyo al 100%

...y soy bien mexicano.

lunes, 16 de febrero de 2009

Mientras haya una taza de café enfrente de uno

Un café debe de ser
el escondrijo ideal
de la más diversa calaña
de compinches
- g4r1b4y


Alguna vez me hice el propósito de no poner un pie jamás en la Cofi Compani. Me provocan repulsión las compañías que producen en masa cosas que deberían de ser más artesanales; como un buen café. Esta empresa maneja el café así como la M amarilla las hamburguesas. Sin embargo en su momento también fracasó mi propósito de no asistir jamás a una de ésas, lo cual formó parte de los argumentos que más adelante me llevaron a reconocerme y declararme como un engrane más de la maquinaria del sistema. En fin, ese es otro asunto. En el caso del café, mi propósito cambió cuando alguna vez hice el proyecto de asistir a uno como parte de una investigación de campo para adquirir la experiencia que posteriormente me permitiera escribir acerca de dicho lugar. Me resistí de manera inconsciente y la dichosa visita no tenía para cuando llegar. No imaginé que la oportunidad llegaría gracias a mi recién retomada relación con mis amigos y compañeros de la Generación F, ellos me entienden.

Un café que se respete, según mi punto de vista, debe de contar con un ambiente que provoque la confidencia, el complot, la charla amena y bohemia entre dos o más parroquianos. Un café debe de ser el escondrijo ideal de la más diversa calaña de compinches. De preferencia contar con una selección de música ambiental que sea ecléctica y de calidad y que de vez en cuando se de el lujo de interrumpir una plática porque alguno de los participantes se permitió a si mismo escuchar una buena canción. El personal debe tener carisma bohemio y contar con la capacidad de contagio al prójimo. Las sillas y las mesas deben de ser cómodos, no necesariamente mullidos sillones en donde una persona abundante como yo tienda a desaparecer hundida en el asiento y después batallar para alcanzar la taza que quedó fuera del alcance en la ridícula mesita de centro en donde muchos insisten colocar la computadora aunque su uso exija fastidiarse la espalda.

Quizás se deba a que de entrada yo andaba cerrado a la experiencia y que estaba predispuesto a encontrarle fallas por todos lados que terminé encontrándoselas. En ambas ocasiones fui yo quien tuvo que limpiar la mesa cuando estaba recién tomando asiento. Yo tuve que ir por mi café al aparador, no me lo llevaron hasta donde estaba sentado, lo cual es una semejanza más con las felices hamburguesas del payasito. El aparador con cremas en polvo, azúcar de diversos géneros, de verdad y mentiritas para los dietistas, servilletas, tapitas para los vasos, popotes y demás artilugios que no alcancé a ver porque por un momento creí tropezarme con los jalapeños, la catsup y la mostaza. Discúlpenme, estoy como dije al principio del párrafo: Cerrado.

Sin embargo creo que no tengo motivos para quejarme. El año 2009 apenas comienza y ya un par de entrañables recuerdos del recién estrenado año se formaron en instalaciones de dicha franquicia.

Cuando se forma parte del petit comité organizador de un memorable evento siempre se cuenta con el excelente pretexto de la resolución de los detalles para convocar a una reunión urgente con una taza de por medio. Hoy que tengo la oportunidad de meditar en los resultados y las consecuencias no puedo evitar pensar en que mi propósito inicial carecía ya de validez. Asistí al lugar carente de la mala leche con la que pensaba hacerlo. Aun cuando tenía recelos y antipatía y no pude evitar encontrar defectos, la verdad es que me encontraba mucho más que contento de reunirme con mis amistades como para permitir que pequeñeces me arruinaran los momentos que pasé con ellas.

Algunas personas especiales para mí, que me honran con estar al pendiente de las cosas que escribo (y además aficionadas a la franquicia de la sirenita verde) se habían ofrecido a acompañarme en mi viaje de exploración. Espero no les moleste que me les haya adelantado de este modo. Dichos establecimientos nunca serán mis favoritos ni gozarán de mi bendición, pero no quiero hablar ya de ellos. Quisiera, aunque sin entrar en detalles, que estas palabras no sean para hablar en contra de algo. Prefiero, y disculpen la brevedad, que este texto sirva para homenajear a las amistades que terminaron acompañándome. Para ellos quizás se trató de un lugar como cualquier otro para sendas reuniones de trabajo. Terminó siéndolo para mi también, pero gracias a ellos siempre lo recordaré como escenario de dos estupendas reuniones de trabajo. Ya lo decía acertadamente Mark Twain en alguna ocasión: “El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía”.

Por Carlos G Garibay

lunes, 12 de enero de 2009

Un asunto especial

Un buen día llega Mafalda y le pregunta a su mamá:

- “Mamá ¿vos a mi edad tenías amiguitos como los que tengo yo?”
- “Sí hijita, claro que los tuve”
- “¿Y que pasó que no los ves nunca? ¿acaso te peleaste con ellos?”
- “No hija. Lo que sucede es que fuimos creciendo y la vida nos llevó a cada uno por diferentes caminos.”

Mafalda, que siempre encontraba motivo de meditación en cosas que pudieran parecer triviales, pensó un momento en la respuesta que su madre le dio y después, llena de despecho exclamó:

- “¿Y QUIÉN CUERNOS SE CREE LA VIDA QUE ES PARA HACERLE ESAS PORQUERÍAS A LAS PERSONAS?”

El hecho de permitir que una amistad se enfríe es, desde luego, una porquería.

Una porquería bastante triste según lo veo.

Han pasado más de 20 años y he tenido tiempo de sobra para meditar acerca de quién cuernos se cree la vida que es. Creo comprender porqué a veces se va uno por diferente camino al de sus amigos, aquellos inseparables y mafiosos compinches que vivieron tantas pequeñas y sencillas pero trascendentales cosas hace tanto tiempo.

Sin embargo aunque los caminos sean distintos y vayan para diferente destino, el cruce de caminos debería de ser más constante y si en verdad uno hace camino al andar, como dice la canción ¿porqué no ser uno mismo el que provoque esos cruces? Después de todo somos nosotros quienes guiamos los zapatos. No vaya a ser que venga la vida y nos haga una porquería también a nosotros. Yo conozco mi historia, tu la tuya y cada quien sabe a dónde lo llevaron sus pasos.

Hoy esos pasos nos trajeron aquí.

Tuve durante mucho tiempo una especie de constipación emocional, un vacío, una deuda de vida que merecía ser saldada, o por lo menos abonada. Un vil consuelo era el saber que la vida da muchas vueltas y que algún día una de esas vueltas me haría encontrarme con alguno de ustedes. Pero pienso que era una posición cómoda y conformista ya que como dije al principio, la vida de repente nos juega rudo y podemos llegar al final de nuestros días sin ponernos a mano con esos años y con esos amigos.

Me siento, y creo que muchos de nosotros si no todos, muy afortunado de haber tenido hoy la oportunidad de verlos una vez más.

Ya no podremos compartir las clases en la escuela, ni los maravillosos descubrimientos que un niño hace cuando deja de serlo. Hemos evolucionado y hoy podemos compartir una cerveza… o mejor un six, una opinión más formada de muchísimas cosas, un juego de ajedrez o de dominó y muchas cosas más. Algún día tal vez tengamos que compartir soledades, enfermedades y despedidas y espero llegado el momento, estar.

Alguien alguna vez me dijo que la edad debería de medirse no por la cantidad de años que uno acumule sino por los amigos que se logre hacer y sobre todo, mantener. En ese sentido, yo sí quiero llegar a viejo.

Se ha hablado de lo increíblemente crueles que podríamos llegar a ser. Para niños de la edad que teníamos la presión ejercida pudo haber sido demasiada. Tanta que indudablemente aún la recordamos y nos marcó de algún modo. Lo hemos mencionado todos y sin embargo podemos decir que fueron más las cosas positivas que obtuvimos. Dejando de lado las travesuras y maldades que podíamos hacer, el día de hoy son sólo divertidas y entrañables anécdotas mientras que lo que sobrevive es la solidaridad, la capacidad de organizarnos, el liderazgo, el reconocimiento de lo que cada uno somos y sobre todo la unidad y el cariño. Las cosas que nos pueden seguir haciendo crecer son las que hoy nos han traído aquí.

Aunque la nostalgia es el principal ingrediente, muchos estamos aquí también por otros motivos. Pienso que el ponernos en contacto nos hará crecer como comunidad y siento que nos hará más fuertes individualmente por añadidura. Tenemos gente dedicándose a los más diversos oficios, haciendo cosas útiles y variadas que a todos nosotros nos pueden servir, no en el sentido mezquino del beneficio egoístamente entendido, sino como una sinergia y un sincero enriquecimiento que como personas podemos tener.

En estos tiempos difíciles ha sido reconfortante encontrarnos con gente con la que compartíamos problemas y situaciones más sencillas y alegres y creo que a todos nos ha hecho bien.

Hoy podríamos pensar que fue una de esas vueltas de la vida o una feliz casualidad la que nos ha reunido. Yo prefiero pensar que como buenos miembros de nuestra generación…

FUIMOS TODOS

Este texto fue escrito con todo cariño para mis viejos y entrañables amigos y ex compañeros del F. Está inspirado y basado brevemente en mi propio escrito llamado El verdadero email, publicado aquí mismo.

Carlos G Garibay

viernes, 19 de septiembre de 2008

Justificación pinche


Se respira un ambiente tranquilo en La Filomena. Hoy hay menos concurrencia de la habitual. Por lo menos para ser viernes por la noche parece haber menos parroquianos reunidos en el lugar. En una de las mesas centrales, el acostumbrado grupo de jugadores de dominó se encontraba enfrascado en una partida que definiría al ganador del zapato. Dudoso honor. En una de las orillas de la barra dos jóvenes estudiantes de ingeniería prófugos del aula compartían una cubeta con cervezas de a cuartito y una charolita con cacahuates japoneses mientras sus mochilas, portaplanos y reglas T descansaban en uno de los asientos de al lado. No importaba demasiado, de cualquier modo no había quien ocupara el lugar en ese momento. Un viejo abogado ingería cubas libres del otro lado y consumía cigarros Benson como si la vida le fuera en ello. Don Cayetano limpiaba unos vasos mientras el reloj de pared rondaba las 8 de la noche. Era temprano aún. En la calle la oscuridad no terminaba de adueñarse del ambiente y la temperatura permitía que los abrigos colgaran del brazo de sus dueños. El Señor Medina cruzó el umbral de la puerta del viejo recinto justo a tiempo para escuchar el Mareo de los Babasónicos iniciar sus notas e inundar el ambiente con su melancólica letra. Observó el entorno antes de decidir el lugar donde iniciaría la ingesta de su tequila. Definitivamente la mesa rinconera con solo dos sillas junto a la repisa con los bustos de maniquí enmascarados con las tapas del Santo y Blue Demon. Dominar el local con la vista y dar la espalda a la pared. - Tal como lo haría Billy The Kid. – Pensó mientras con la mirada le indicaba al viejo Cayetano que le sirviera el primer tequila derecho y sacaba su encendedor y sus Faritos para ponerlos sobre la mesa. Hoy no había podido terminar de leer su periódico y pensó que el momento era el ideal.

Andaba por el tercer caballito, el segundo tabaco y las noticias del congreso local cuando la llegada del mozalbete llamó su atención. Era un viejo conocido. El joven Juan José Llamas alias el Chivo cargando con una libreta de forma francesa bajo el brazo, al igual que él hace tres cuartos de hora, se encontraba decidiendo dónde depositar su delgada humanidad cuando reconoció el rostro que lo miraba desde atrás de la sección de política local del periódico. La sonrisa de reconocimiento llegó. Hacía unos tres años Medina había sido su profesor de geometría analítica en la preparatoria. En ese entonces el Chivo no contaba aún con la edad oficial para ingresar a la cantina pero eso, desde luego, había cambiado.

- Salve, maestro – dijo el joven pensando erróneamente que el momento era solemne.
- Ave, chucho – le devolvió Medina tratando de quitarle el formalismo al asunto y rematando el saludo levantando el brazo al frente como si del césar se tratara. El efecto fue el deseado pues el Chivo no pudo menos que soltar la risa, aceptando la silla que su ex profesor le ofrecía.
- ¿Qué me cuenta profesor? – preguntó mientras Medina enrollaba su periódico.
- Lo que tú me cuentes primero, chaval ¿qué andas haciendo en este tugurio?
- Es la primera vez que vengo, tenía ganas de un lugar tranquilo donde escribir y ya me habían recomendado el lugar.

Medina recordó que el joven Llamas acostumbraba escribir a modo de pasatiempo y más de alguna vez se sorprendió gratamente con lo que encontró en sus escritos. Cuando eres profesor de preparatoria no resulta común encontrar una personalidad creativa e inteligente como la de este chamaco. Acostumbrado a niñatos preocupados por la fiesta del sábado, pensaba seriamente que él tendría un futuro distinto al de sus compañeros. Se quedó mirando al joven Chivo recibir la Montejo que Cayetano le traía y dejó que la curiosidad marcara el rumbo de la charla.

- ¿Qué estás escribiendo?
- Nada aun. – Inició a responder pero hizo una pausa para darle un trago largo a su cerveza. – La verdad es que tengo algunas ideas y muchas ganas de comenzar. Pero últimamente me estorba el pensar en la opinión que lleguen a tener los demás de lo que yo escriba.

Eso fue sorprendente para Medina. Había pensado que el Chivo tendría un poco menos de limitantes para escribir. Se hizo un breve silencio, el Chivo comía cacahuates mientras Medina lo miraba por encima de su vaso tequilero, que se había quedado a medio camino en el viaje de la mesa a su paladar.

- No me agüites Llamas, ahora sí que me has sorprendido ¿de qué chingados estás hablando? Hace unos años defendías tu creatividad muy bien ¿y ahora me sales con esa jalada…?
- Es que se me ocurren muchas cosas, viejo, muchas cosas que yo imagino o que yo pienso o de las que me doy cuenta cotidianamente. Y algunas de esas cosas no las comparto con nadie. Son las que actualmente me bullen en la cabeza, y si las escribo habrá gente que se dará cuenta de esas cosas…
- ¿Qué? ¿temes que te pase como a Marge Simpson y que todo Springfield crea que tienes amoríos con Ned Flanders después de escribir tu libro? – el sarcasmo de Medina fue soltado sin piedad para ver si de ese modo reaccionaba este mono. Por lo menos logró que Llamas sonriera la broma.
- ¡Jé! Nah, no se trata de eso… son cosas más importantes como mis ideas políticas o religiosas acerca del orden establecido y todas las cosas socialmente aceptables.

En lugar de responder a esta última declaración, Medina puso su mejor cara de ¿de qué diantres me estás hablando? El efecto fue el deseado. La explicación vino en seguida.

- Por ejemplo, tengo dos compañeros en la oficina. Uno, su papá es policía, la otra su hermano es policía. ¿qué va a pasar el día en que a mi se me ocurra escribir acerca de eso y ellos sepan o lleguen a suponer que yo odio a muerte a los policías? Si yo fuera asesino en serie, lo sería de policías. Tendrían razón en deducir eso leyendo lo que yo haya escrito sobre el tema…
- ¿y de donde sale eso? – Medina ya se mostraba más interesado pues estaba viendo que quizás el Chivo tuviera motivos algo más razonables para sentirse tímido para escribir.
- De la ocasión en que mi carnal venía medio pedillo caminando por la calle rumbo a la casa y lo detuvieron. Usaron su estado alcoholizado, que ni siquiera era mucho, como pretexto para quererle quitar dinero. El sólo estaba caminando. No estaba orinando ni estaba bebiendo en la vía pública, sólo caminaba a casa con unas chelas encima. Como no traía dinero para que se lo robaran, le pusieron una madriza de órdago, lo dejaron mal, le quitaron sus zapatos, la camisa. Como pudo llegó a casa, descalzo y descamisado todo golpeado y con un frío de la chingada. Ni siquiera lo detuvieron, sólo lo golpearon. Yo estaba fuera de la ciudad y cuando llamé a casa mi mamá estaba llorando cuando me dio la noticia. Malditos sean. Eso fue hace como 7 años y es hora que aun le cuesta trabajo olvidarlo. En su momento, mi mamá lo convenció de ir al psicólogo y según el, mi hermano estaba tan deprimido que sí llegó a pensar en matarse. Tuvimos que entrarle todos los de la familia para alivianarlo pero estoy seguro de que algo en el se perdió para siempre. Por suerte, ahora no esta tan mal, terminó sus estudios, tiene trabajo. Sin embargo es alguien melancólico y a todos nosotros nos sigue preocupando. Para mi es motivo más que suficiente para desearles lo peor a toda esa ralea de mal nacidos de mierda. Me da rabia que esa sea la gente de la que en realidad hay que cuidarse y que cada uno de ellos goce de la miserable impunidad de su maldito uniforme y de su placa. Que en lugar de trabajar se la pasen pensando como obtener su beneficio y en cubrir las cuotas de sus superiores para lo cual solo tienen que seguir jodiendo a la gente. A muchas personas no les cuento esto porque no quiero herirlas. Como los de la oficina. Los dos son mis amigos pero ¿cómo lo van a entender? Ni siquiera puedo decir que es culpa de ellos, no sé quienes en particular lo hicieron. Para ellos es su familia, aunque para mi sean solo parte de la porquería. – Llamas en verdad se apasionaba cuando contaba esto. Hasta había dejado de darle tragos a su cerveza y ya no miraba a Medina. Se había quedado con la botella de Montejo en la mano viendo hacia ningún lado. - Lo peor de todo es que ni siquiera hay nada por hacer, sólo tratar de reparar un daño que nosotros no ocasionamos y hacernos responsables de nuestra vida, seguir adelante. Mientras esos perros todos los días se acuestan a dormir tan tranquilos, jodiendo a diario, robando a diario y obteniendo cosas que el resto de nosotros debe ganarse trabajando y con muchos obstáculos. ¿quejarnos? ¿con quién? ¿denunciar? ¿a quién? A mi solo me resta desearles lo peor y tratar de que mi rencor no me joda más de lo que ya me tiene amargado.

Medina observó por un momento a su joven ex alumno. Le dio unas fumadas a su cigarro y apuró su tequila. Después de todo, pensó, a el también le costaría trabajo dejar que sus amarguras hagan mella en su gente cercana. Vaya, igual uno tiene derecho a pensar y sentir según como le haya ido en la feria. El temor era el de averiguar si uno es o no capaz de manejar esas cosas. Con un gesto, pidió otro tequila a Don Cayetano y se dispuso a emitir la opinión que de manera implícita le estaban pidiendo.

- Por lo pronto es sólo uno de los motivos que dices tener para no querer escribir. Estás permitiendo que afecte lo que te gusta hacer. Estás dejando que las consecuencias de lo que le hicieron a tu hermano te sigan perjudicando aun después de todo ese tiempo. La verdad es que pienso que tu rencor es respetable, hasta a mi me dio rabia mientras me contabas y tengo a la fuerza policial en un concepto aun peor que el que tu tienes. Pero creo que solo les das más importancia de la que merecen. Digo, esas cosas merecen ser contadas, te hará bien. Sin embargo el motivo por el que no quieres escribirlo es para que cierta gente no sepa acerca de esa opinión que tienes y es, repito, sólo un ejemplo el que me das lo cual me da a entender que hay un montón de cosas que evitas contar. La verdad es que no me queda muy claro si haces eso por darle el gusto a los demás o evitarte una supuesta molestia o incomodidad, como si no quisieras que supieran de tus rencores, vicios y defectos. Vaya, como si tu opinión e ideas no fueran respetables.
- Lo he pensado y como que no me dan ganas de estar explicando y justificando cada idea ni cada personaje o situación que yo describa en mis textos. Siento como si cada cosa que escriba la tuviera que explicar. Si escribo a un ladrón, pensarán que lo soy o me preguntarán de dónde saqué yo las ideas para plantearlo o describirlo. Como si necesariamente yo hubiera tenido que estar en los zapatos de cada personaje que se me ocurra presentar por escrito. – Llamas ya estaba sobre la segunda cerveza y ya hablaba de un modo más fluido. Parecía como si le estuviera haciendo bien expresar eso que pasaba por su mente.
- ¡maaah, eso es basura, chamaco! Toda idea que hayas imaginado y conclusiones que hayas sacado en tu vida necesariamente tienen que tener un lugar de origen, desde luego. Pero no tienes porque explicarlo a todo mundo. Por lo menos no si no lo deseas. Si lo que tú escribes simplemente te viene a la mente, si se te antoja escribirlo o describirlo no tiene, por fuerza que ser algo que tú hayas vivido o que tengas deseos de realizar. Tu estás creando tu mundo, con tus reglas y sus roles. Alguien tiene que desempeñar esos roles y no todos tienen que ser a güevo tuyos. No tiene porque ser una proyección tuya. Por supuesto que si deseas credibilidad debes de tener un fundamento. La gente respeta más a quien sabe de lo que está hablando.

El Medina se comenzaba a calentar. Tomo aire y encendió un nuevo cigarro. Aspiró tranquilamente las primeras fumadas y después paladeó su tequila. Se dedicó un momento a la canción en turno. La Despedida de Manu nunca dejaba de depositar en el una sensación de renacimiento, de alivio. De volver a comenzar. El borrón y la cuenta nueva que tanto bien hacen y que le permiten decir ya estoy en paz.

- Deja eso atrás Chivito. Úsalo como fuente de inspiración. Usa esa pasión para tratar de tansmitirla. No para que te frene como parece que está pasando. Quédate en paz. Mira chamaco. Te gusta escribir. Me has mostrado alguna vez lo que has escrito y me agrada. Me gusta la gente creativa, pero me molesta la gente pendeja. No seas así por lo que más quieras. Se supone que eres dueño de lo que escribes, de los mundos que inventas y que describes. Si aun en tu mundo te ajustas a lo que los demás desean de ti, si te preocupa el qué dirán, entonces no eres tal, no eres dueño ni de lo que escribes. Una vez tu mismo me dijiste que no te preocupaba conservar lo que escribías en la prepa porque siempre serías el dueño de esos escritos y que en cualquier momento se te podría ocurrir algo nuevo. Aplaudí esa declaración. ¿de que te sirven todas esas cosas, esa creatividad, si de todos modos la tienes sometida a la complacencia ajena? Madres, niño. Ve y escribe. Lo que se te antoje. Lo que quieras. Si son cosas que tu inventas, que tu imaginas, no tienen ni siquiera que ser posibles en la vida real. Que lo que escribas sea tuyo, de nadie más. Ofrécelo a tu gente, qué se yo, quienes sean. Pero que sea tuyo, no lo copies, sé original. Y atrévete ¿prefieres quedarte con todo eso que dices que te bulle en la cabeza en lugar de ponerlo en papel? Adelante, no hagas nada, no seas nada.

Llamas escuchó a su profesor y empinó lo que le quedaba de su cerveza. Sabía que tal vez lo que le fuera a decir no iba a ser algo que el quisiera escuchar. Pero pensó que tal vez sí lo necesitara.

- Creo que tal vez tenga razón profe
- Más vale que me lo digas en serio porque si sólo me estás dando el avión no te sientes de nuevo en mi mesa, Chivo.

Por toda respuesta, el Chivo tomó su nueva botella de Montejo, sudando de frío y la levantó, sonriente, para brindar con el viejo Medina. Era lo que deseaba de este chamaco. No está nada mal que de vez en cuando alguno de sus ex alumnos lo haga sentirse orgulloso.

- ¿Y qué profe? ¿ha visto a alguno del grupo? – el cambio de tema era un buen giro en la conversación en el momento justo.
- A dos o tres, pero no todos me sorprenden con algo interesante que hayan hecho de sus vidas. Algunos se comportan como si siguieran en la prepa. – Medina esperaba que Llamas entendiera el piropo.

Parecía que el ambiente solemne de La Filomena en esa mesa amagaba con esfumarse pues Mi Flor, de los Pericos comenzaba a emanar una atmósfera más guapachosa. Perfecto.

- ¿Y qué, profe? ¿cree que lo haga bien? – dijo Llamas finalizando el tema con una pregunta.
- Pues a como he estado viendo en la última media hora, cumples a la perfección con uno de los requisitos que según Charles Bukowski hacen falta para ser un buen escritor. – Un nuevo tequilita en la mano, un nuevo cigarro y más buenas rolas era lo necesario para continuar la velada por más amables derroteros. Medina renunció a continuar su lectura del periódico y se dispuso a seguir charlando. – Tendrías que revisar los demás…


Por Carlos García Garibay

martes, 9 de septiembre de 2008

El Luchador Rudo: El Encantador de Masas


El estilo rudo es del agrado del público aunque manifieste otra cosa. Ser un luchador rudo para mi significa estar en la cima de mi carrera, ser rudo significa saber darle gusto a la gente. Saber manejar su estado de ánimo, para bien o para mal. La gente siempre se va a acordar de un buen luchador rudo.

-El Engendro

Uno de los axiomas de la lucha libre más arraigados dice que para poder ser un buen luchador rudo primero se debe empezar por ser un buen luchador técnico. Esto queda bastante claro tomando en cuenta que todo luchador debe de tener muy bien sentadas las bases de este deporte. Sin embargo la vox populi tiende a encasillar a un luchador rudo como un personaje malo, es decir, que actúa con maldad, sin que el concepto tenga nada que ver con su calidad como luchador. Por contraparte, el luchador técnico, el que siempre lucha sujeto a las leyes fundamentales del deporte, es idealizado como un héroe. El que se sobrepone a las adversidades y a pesar de que el bando contrario le esté aplicando doble o hasta triple equipo, sale avante con una llave bien hecha o un espectacular vuelo. El defensor del bien, atento con las damas y bueno con los niños. El que no hace trampa y en el caso extremo de que llegue a cometerlas, su muy respetable público hace caso omiso de ellas pues ni siquiera tiene que llegar a perdonárselas. Además se jacta de ello, pues con micrófono en mano dice: “con esto te demuestro que yo también sé de mañas”. El luchador técnico tiene su propia personalidad y mística que son pilar indispensable de la magia que existe en la lucha libre mexicana. Un misterio digno de su propio rosario, del cual hablaré en otra ocasión.

Hablemos del luchador rudo. El que desde mi muy particular punto de vista es un claro ejemplo de la condición humana. Los personajes que pertenecen a este bando, en su gran mayoría utilizan calificativos que hacen una alusión a la rudeza, a la violencia y en muchísimos casos, ya lo habíamos mencionado, a la maldad. Apelativos como Negro, Asesino, Salvaje, Infernal, Bestia, y un sinnúmero de etcéteras acompañados de los más diversos nombres y apellidos, pretenden darle al espectador y, por supuesto, al rival, una impresión de peligrosidad, una advertencia acerca del enorme problema que tienen al osar enfrentarse a ellos y de lo mal que la van a pasar en consecuencia. El luchador rudo no pretende ser un héroe ni hacer alarde de urbanidad y buenas maneras. Aunque al igual que el luchador técnico busca obtener la victoria, ser el mejor sin importar que sus métodos sean distintos. Cuando el luchador rudo comete una falta o le quita la máscara a un rival se enorgullecerá del hecho, aunque en público lo va a negar y por si fuera poco, siempre pretenderá poseer una gran técnica de lucha. Esto es algo muy importante para destacar, pues un luchador rudo que posea buena técnica siempre será respetado por propios y extraños. Podemos citar como ejemplo a Don Daniel López El Satánico quien siempre hace gala de mucha rudeza sin que por ese motivo deje de deleitar a los conocedores con sus excelentes llaves y lucha a ras de lona, además de ser uno de los maestros más prestigiosos de la actualidad.

Dejando en claro que los luchadores de ambos bandos deben ser poseedores de buenos conocimientos de este deporte ¿qué otra cosa, entonces, distingue a quienes pertenecen a uno y otro equipo? Desde luego, destaca la capacidad para la violencia que pueden manifestar los luchadores rudos. En palabras de Great Eku, de Samoa: “Ser un luchador rudo significa no tener barreras, nada que te ate, no tener reglas ni medir las consecuencias de tus actos. Violencia en su máxima expresión”. Fue un luchador rudo, seguramente, el primero en utilizar como arma una silla para agredir a algún rival, y a partir de ahí hemos podido ver escaleras, tubos de luz, manoplas, aerosoles utilizados como lanzallamas y un sinfín de artilugios más que a ojos de mucha gente pueden parecer un exceso. Ante los reclamos que le estaban haciendo por golpear con un recipiente metálico de 20 litros a un rival lesionado, El Vago, luchador rudo de la Arena Jalisco responde: ¿Qué importa que esté lesionado? ¿Entonces a qué viene? El Engendro, por su parte dice: Esto es para hombres ¿qué no? Un luchador técnico llega a valerse de estos medios, pero únicamente como defensa, una vez que el rudo los sacó a relucir antes que él. Suena fascinante el poder sentir esa falta de consecuencias, el poder causar revuelo, seguir compitiendo y hasta ganando, impunemente. La sensación de libertad que describen es en realidad muy tentadora para cualquiera.

Sin embargo para poder ser un buen luchador rudo no basta con tener una buena técnica de lucha, ponerse a hacer rudezas y a excederse en los castigos. El luchador rudo también debe someterse a situaciones que provoquen no solamente el repudio y la rechifla del respetable, sino también la burla. Caerse del cuadrilátero, tropezarse, golpear por error al compañero, vaya, ponerse a sí mismo en ridículo y así colocarse en una situación catártica para el público pues es una de las maneras en las que éste obtiene desquite. La impotencia que puedo llegar a sentir ante las injustas decisiones del referee o la golpiza que le estén dando a mi técnico favorito se puede aminorar si tengo la oportunidad de reírme a mandíbula batiente a costa de la torpeza del luchador rudo. Para poder provocar este efecto se requiere también de carisma, talento y sobre todo, entrega. Atributos admirables en un deportista, sin importar su modalidad ni bando. El Vago comenta: Nosotros nos entregamos noche con noche a dar el 100%, no escatimamos en lesiones ni en nada. El público nos responde a pesar de que somos rudos. Puedo decir que me consta la entrega de la que habla, pues lo he visto caerse de espaldas desde el cuadrilátero, recibir fajazos a diestra y siniestra sin queja alguna, chocar contra los postes y decir y hacer cosas que provocan la burla sobre él. No recuerdo a un luchador técnico que se someta a sí mismo a tales situaciones. Por supuesto que participa en el performance general de la función e interactúa directamente en las evoluciones del luchador rudo, aunque el rol que toma es, evidentemente, distinto. El efecto que debe producir es diferente.

Toda persona que realiza un trabajo que es presenciado por mucha gente, como los artistas o los deportistas, busca invariablemente agradar a esa gente, su reconocimiento, su aplauso y desde luego, su recuerdo. ¿Qué es lo que lleva a un luchador a provocar la molestia del respetable? La mayoría de los luchadores rudos coinciden en que el repudio del público es, precisamente, la forma que tiene de reconocer su trabajo. Según el Hijo de Pierrot: El enojo del público representa felicidad, alegría para mí, como un festejo. Desde luego, cuando el trabajo de una persona consiste justamente en hacer enojar al público, el mayor reconocimiento llega cuando se hace patente ese enojo pues es la muestra palpable de que la labor se está haciendo bien.

Salvo tu mejor opinión, estimado lector, creo que una de las mayores fortunas de las que puede gozar una persona es tener la oportunidad de trabajar en algo que le guste, que le apasione. De modo que si un luchador rudo, aparte de tomar la rechifla como la muestra de que está haciendo las cosas bien, a eso le añade los sentimientos que en él se despiertan, entonces podemos hablar de alguien muy afortunado. Hay luchadores como el Guerrero Vikingo que dicen que los divierte que la gente se moleste. A juzgar por las luchas que acostumbra brindar, debe de ser una persona muy feliz.



TERRY KISS - Foto: Quicho Olivares, DSD la Tercera

Una vez tuve la oportunidad de vivir algo así. Fue en la ocasión en que Terry Kiss me obsequió su máscara. Quiso él que yo subiera al cuadrilátero a recibirla. Su sola presencia bastó para que el público técnico se comenzara a meter con él, lo cual habla de su personalidad y carisma como rudo. Al agradecerle su obsequio, ante el micrófono me declaré aficionado rudo y al abrazarlo, volteamos a saludar precisamente al público técnico. Nunca antes había visto tal cantidad de dedos medios dedicados a mi persona y ¿sabes una cosa? Por mi madre que se siente muy bien.

Sin embargo, cuando se lo he preguntado a los luchadores rudos, la mejor, más sencilla y contundente respuesta que me han dado fue la que me dijo Fumanchu: ¿Qué sientes cuando la gente te abuchea y te grita cosas porque estas lastimando a algún luchador técnico?

Siento que estoy vivo.

Por Carlos García Garibay


Este artículo fue enviado a la revista Titanes del Ring en respuesta a su convocatoria para artículos de Lucha Libre. Pedían algo original, lo confeccioné en base a algunas entrevistas que hice para tal fin con los luchadores con los que habitualmente trato para la revista que tengo con el Quicho: DSD la Tercera. Por lo menos me gané una mención en la revista y me divertí mucho escribiéndolo.