martes, 16 de abril de 2013

La Curva

- ¡A ver cabrones! Cuando escuchen su primer apellido ustedes contestan con el segundo ¿está claro? - preguntó el prieto y gordo oficial a eso de las siete y media de la mañana. - El que no conteste ya se jodió hasta el mediodía.

- ¡Seeeéh! - respondió con fastidio y a coro la comunidad de presos recopilada durante el fin de semana.
- ¡Aguiñiga!
- ¡García, aquí! - respondió el primero a un par de celdas de distancia.
- Órale, a la reja... - el oficial casi no lo miró y se limitó a señalar con el pulgar hacia la mencionada reja. - ¡García!
- ¡Estrada!

La letanía de nombres continuó entre chiflidos e interrupciones por parte de los confinados, algunas súplicas, albures, mentadas de madre y bromas por parte de los infractores visitantes habituales de La Curva, duchos en sus usos y costumbres. Algunos esperaban en silencio, poniendo atención para que no se les vaya a pasar la oportunidad de salir de ahí. Otros ni cuenta se daban, seguían borrachos o drogados. Medina por su parte seguía dormitando sentado recargado en una de las paredes de la celda. Con un monumental dolor de cabeza y de panza. Había preferido arriesgarse a una peritonitis aguantando las ganas de ir al baño con tal de no utilizar el miserable agujero en el piso de la celda que según eso cumplía la función de tal. Evidentemente tampoco había dormido bien, aún le dolían las costillas a causa de la golpes que los polis que lo agarraron le propinaron.

- ¡González! -
- ¡Zepeda! - los presos respondían con ansiedad, como niños que de repente se dan cuenta de que saben la respuesta a la pregunta que les hace el maestro en clase.
- ¡López! - la voz se acercaba cada vez más a su celda pero no lo suficiente como para hacer que el Medina reaccionara.
- ¡Pelayo!

- ¿y Valerio? - preguntó una voz desde una de las celdas del fondo.
- ¡Espere su turno, cabrón, si no quiere pasarse otras horas aquí!

- Mijo, despiértate. Capaz que ahorita te nombran ¿o qué? ¿te vas a quedar un ratito mas conmigo? - María Cotita le hablaba con voz melosa. Medina se sobresaltó, como si en verdad hubiera estado dormido. Miró con los ojos muy abiertos al pequeño y macilento travesti. El otro le brindó una sonrisa que salió como pudo del rostro con el maquillaje corrido.
- ¡Martínez! - el oficial ya estaba afuera de la reja que ocupaba Medina.
- ¡Cruz! - respondió el sujeto que compartía la jaula con ellos y que había llegado el domingo por la tarde. Había dormido la mona plácidamente desde que llegó.
- Nadie sabe que estoy aquí - comenzó a decir Medina - ¿quién me va a venir a sacar?
- ¡Medina!
- ¡Ah, cabrón! ¡yo..., esteeee... Barreto!
- No se duerma, güey - el poli verificó el nombre en su libreta mientras les abría la puerta a los dos últimos mencionados. - ¡Ándele, sáquense de aquí!
- ¿Necesitas algo? - preguntó Medina a María Cotita - ¿le aviso a alguien que aquí andas?
- No, gracias, muñeco. - respondió estirándose y ahogando un bostezo aburrido, como de quien ya conoce de sobra el asunto. - Ya se la saben, al rato vienen por mi.
- Bueno, adios y gracias.
- ¡Chao mijo!

Alejo Medina iba saliendo del encierro preguntándose quien había venido por él y pensando en dónde diantres podría conseguir un sanitario decente cuando una voz lo hizo voltear.

- ¡Hombrezuelo barato! ¡Vergüenza te debería de dar que yo venga a sacarte de lugares como este! - la pequeña Maestra Pérez lo miraba severamente como si se tratara de un hijo lagartón y descarriado. - ¡Mírate nada más!
- ¡Ah, chingá! ¿y ora? ¿que haces tú aquí? - Medina trataba de acomodarse los cabellos alborotados y esconder un poco su desparpajo general: ojos rojos y lagañosos, camisa arrugada y desfajada, barba de tres días, boca pastosa y hedionda y por si fuera poco, en cualquier momento le resultaría imposible aguantar que se le saliera un pedo.
- ¿Qué ha de ser, pasmado? Vine por ti, aunque si lo deseas te puedes regresar a tu jaula.
- ¿Y tú como sabías que me tenían aqui?
- De eso luego hablamos, ve a recojer tus cosas y vámonos.
- ¿Pagaste algo?
- ¡Anda y ve por tus cosas, carajo! Después hablamos

Medina no replicó. Fue a que le devolvieran su cinturón, su sombrero, su chamarra, sus llaves, monedas, su teléfono y su billetera. Las agujetas de sus botas las habían perdido. Tras perder un cuarto de hora más salieron del lugar.

Caminaron unos metros por Avenida de los Laureles hacia el estacionamiento junto a varios personajes de la pintoresca fauna con la que Medina había compartido la celda desde la noche del sábado.

- ¿Y ahora qué? ¿me vas a decir en qué chingados andas metido?

Medina no dijo nada. Será que andaba bastante jodido que no se le dió bien el disimular y evidenció de sobra que se estaba haciendo güey.

- Me lo debes. - Pérez hablaba en serio.

Alejo Medina siguió sin responder, en lugar de eso sacó su billetera y revisó si no le habían sustraído sus papeles, su dinero y la tarjeta que había obtenido minutos antes de que le cayera encima la ley el sábado por la noche. Pérez lo miró hacer y se dió la vuelta rumbo a su auto.

- ¿Ya desayunaste? Te invito - le dijo a la pequeña y encabronada maestra.

Pérez abría la puerta de su coche y volvió a preguntar con la mirada.

- Necesito un pinche café, algo decente para comer y por lo que más quieras... un sanitario. Después te digo todo lo que quieras.

- Lo que necesitas es un duchazo, desgraciado. - dijo al tiempo que quitaba el seguro de la otra puerta. - Súbete.

Mientras un maltrecho Alejo Medina subía al auto, un tipo mal trajeado, de astroso bigote y peores modales preguntaba por él en donde hasta hacía unos minutos había estado.

-¿Cómo que ya salió? ¡Lo iban a tener guardado aquí hasta que yo viniera por él... cabrones! - vociferaba al oficial encargado cuando sonó su celular interrumpiendo sus reclamos. Escuchó durante unos instantes en silencio y luego respondió- No, Licenciado. Ya no está aquí... Lo liberaron antes de que yo llegara... Sí Licenciado... Sí... No tenga pendiente, yo me encargo. - colgó y después se dirigió de nuevo con el oficial - ¿Quién vino por él?

lunes, 15 de abril de 2013

Golpes bajos

Feral llegó a la arena jalando su maleta y, como es tradicional en los enmascarados, con la máscara puesta. Máscara negra por completo, sin boca y con malla en los ojos, negra también. Parecía un uyuyuy, pero en rudo. La gente que había llegado temprano y que ya se encontraba ocupando su lugar en las gradas lo miraba pasar sin acercársele. Era distinto a otros luchadores a los que el público saludaba o los niños se acercaban a conocer. Ni siquiera le metaban la madre las señoras entronas que acostumbran defender a los luchadores técnicos. El Guerrero Universal lo vio entrar en los vestidores, venía llegando después que Feral y a diferencia del otro, recibió algunos saludos, chiflidos y se le acercaron niños; hasta sonó entre las gradas una mentada de madre. El respetable estaba vivo.

En el vestidor, Feral tampoco habló con nadie. Se conocía con pocos de los luchadores locales. No había venido a socializar, sino a que lo vieran luchar. Estaba comenzando a cobrar fama en las arenas donde se presentaba, tenía buenos fundamentos de llaveo y era espectacular con los lances. Tenía buenos detalles. Sin embargo a los otros luchadores no les gustaba repetir una lucha con él. Era parco para hablar, tendía a luchar para lastimar y no jugaba en equipo.

Esa tarde fue lucha de parejas, el Guerrero Universal hacía pareja con el Vengador, Feral salió con Velo de la Muerte. Todo iba bien, cosa normal hasta la tercera caía en la que el Guerrero había lanzado a Velo de la Muerte sobre Feral y éste se quitó, provocando que Velo cayera de feo modo sobre la lona. Todo fue alarido y rechifla entre el público, estaban gozando de la lucha. El Guerrero volvió a engancharse con Feral.

- ¿Qué estás haciendo? ¿No viste a tu pareja? - le preguntó por lo bajo.

- A luchar. - dijo el otro por toda respuesta.

No insistió el Guerrero, pero algo en su instinto le dijo que no le hiciera confianza.

Velo de la Muerte abandonó a Feral, que de todos modos alcanzó a hacer unos lances que a la gente le gustaron y a aplicar un par de llaves que dolieron sobre sus adversarios, hasta que terminó regalando la lucha al bando técnico al aplicar un golpe bajo que ni siquiera escondió del referee. Podría decirse que todo normal, pero algo denotaba la mala vibra. La raza en las gradas estaba en el mejor punto, listos para la lucha estelar.

No esperó por su pareja y sin mirar atrás se fue a los vestidores.

viernes, 12 de abril de 2013

Entre Ibargüengoitia y una mujer latosa

"Los monumentos, hay que admitir, son piedras que cuestan una fortuna..." —Escribía lentamente el Gordo Ruan Ledesma, tratando de imaginar la infinidad de ejemplos con los que podría ilustrar la frase.

— ¿Vicente? ¡Vicente! —preguntó la enorme figura que estorbaba el paso de la luz a través de la puerta y que una vez más lo llamaba por un nombre que no era el suyo. ¡Qué curioso que viniera a interrumpirlo justo en esa parte de la cita que estaba tratando de analizar! Muy molesto, como siempre, pero curioso.— Tengo un problema con la exportación de una base de datos... —Ahora fue ella la que se vio obligada a interrumpir su frase ante el índice que exigía silencio, levantado de súbito por parte del Gordo Ledesma que se obligó a sí mismo a terminar de escribir la frase: "... y que se olvidarían si no fuera porque estorban el tránsito. Ibargüengoitia".— 'Monumento de mujer, ésta.' —pensó Ruan.— 'Costoso, muy probablemente. Estorboso, sin duda.' —Tomó aire y volteó a mirarla.

— Ruan, mi nombre es Ruan. No Vicente ¿qué base de datos te está dando problemas?

Tras unos minutos en los que se dividió entre la búsqueda de palabras sencillas para explicar lo necesario y repetírselo dos o tres veces a la interesada, regresó a la lectura de frases y citas. Había pasado el comienzo del año acompañado de la lectura de Jorge Ibargüengoitia y se estaba entreteniendo con algunas de las frases más sabrosas.

"Hablo y escribo en guanajuatense distritofederalizado" —económica y audaz.

— Pase maestro, él es Vicente y es quien le ayudará a configurar su cuenta de usuario. —La mujerona volvía, obligando a Ledesma a interrumpirse de nuevo. Esta vez acompañada de un señor que iba en busca de asesoría técnica y que sin duda era ajeno a la equivocación reiterada. 

— Ruan Ledesma, servidor. —saludó al señor lo más enfáticamente que pudo, para ver si de una vez por todas le quedaba claro a ella que su nombre no es Vicente.

Una vez hecho lo anterior, regresó a las frases. Una de las más memorables la encontró en La Vela Perpetua: "Iba a misa todos los días y comulgaba y le pedía a dios nuestro señor y a la santísima virgen que me dieran una compañera que fuera al mismo tiempo decente y cachonda". El personaje lo desesperaba, pero la frase lo hizo reir.

Cuando terminó su jornada laboral, dejó sobre su escritorio un letrero con su nombre impreso en letras de 72 puntos y se fue pensando en que no tenía idea de cuál era el nombre de ella.

jueves, 11 de abril de 2013

Lactobacilos

Eran cerca de las 10 de la noche cuando Medina llegó a casa de Nina, como siempre, le mandó un mensaje al celular para anunciar su llegada en lugar de tocar al timbre. Un par de minutos después ella salió a recibirlo. Una vez más, pensó que se veía guapísima aun y cuando ella nunca se maquilla. Eso debe ser. Además no acostumbra decírselo porque tampoco es muy agradecida con los piropos. Después de abrazarse al encontrase, pasó a la habitación del fondo de la casa, habitación pequeña y sencilla, con un ropero sobre el que había una televisión, una cómoda, un sofá de dos plazas lleno de ropa, una cama matrimonial y una pequeña mesa con su respectiva silla. Los padres de Nina hacía rato que estaban ya en su recámara en el piso superior. Con tres botellas de caguama que ella le dio, Medina salió a la calle una vez más a rellenarlas en la vinatería de la esquina, a comprarse unos cigarros y a buscar un par de botellitas de lactobacilos para ella. Era noche de jueves: dominó y cerveza.

—Que bueno que llegaste, me moría por una chela. —dijo ella cuando regresó con la bolsa de botellas sudorosas, mientras sintonizaba su televisión en algún canal donde pasaran rolas decentes. Medina destapó la primer cerveza y procedió a servir en los vasos que Nina había acercado a la mesita. Nina comenzó a hacer la sopa y a abrir las notas de la partida en una pequeña libreta. Rodaron algunas monedas de a peso sobre la mesa. Insistía en jugar apostando pesitos.

Hacía más de un año que salían de vez en cuando, ajenos a todo glamour y romance, se limitaban la mayoría de las veces a circular en el carro de Medina mientras daban cuenta de las cajetillas de cigarros, los sixes de cerveza, siempre ojo avizor por si los sorprendía algún representante de la ley. Cuando Medina se cansó de gastar gasolina y estar arriesgándose a que algún policía lo detuviera fue que ella sugirió pasar las noches jugando dominó en su casa. Era una buena idea. Hacía mucho que Alejo no tenía dónde jugar y ella lo hacía bastante bien. Partidas reñidas, intercambio de pesitos.

Hora de por medio, hacían una pausa en la charla para que ella sacara su botellita de lactobacilos y se pusiera a fumar crack, con lo que pasaba algunos minutos sumida en el mutismo.— "Después de que fume, no me hables". —Él era obediente en ese sentido. No le gustaba Nina cuando fumaba piedra. No le gustaba pero se sabía cobarde para hacerle alguna crítica al respecto. Hacía años que había visto más de un caso en el que buenos jóvenes echaban una buena parte de su vida a la basura a causa de la droga. Alguna vez tendría que fajarse los pantalones y hacérselo saber a la mujer con la que acostumbraba jugar al dominó y tomar cerveza hasta altas horas de la noche y a la que irremediablemente quería bien.

—Se me acabaron los pesos.

—Tu me dirás. —Medina ya había pasado alguna vez a apostar besitos en lugar de pesitos. No estaría mal que las apuestas subieran.

—Vamos jugando así. Ya veremos. —dijo ella.

—Sale.

Poniendo su mejor empeño en una buena partida de dominó, Medina estuvo a punto de colgarle un zapato a Nina. Era más la curiosidad. Sin embargo ella sabía su maña. Quizás fuera que Alejo dejó de pensar con su mente y se dejó distraer por el discreto pero bonito escote de Nina, el caso es que terminó perdiendo.

—Vamos. —dijo ella— Llévame a un viaje sideral, eso gané. —La muy infame quería ir a comprar otra piedrita.

Medina condujo en silencio durante todo el viaje, encabronado y rumiando una vez más su cobardía.

miércoles, 10 de abril de 2013

El Cocoloco

El Cocoloco ya casi podía considerarse parte del activo fijo de la cantina La Filomena. Cuando no estaba ofreciéndole a los parroquianos bola para los zapatos, se sentaba en una silla junto a la puerta con una botella de Barrilito en la mano, aunque él juraba que era abstemio, y su cajón de bola a un lado, en el piso. A veces, cuando tenía monedas de a cinco, le ponía algunas a la rockola y escogía siempre las mismas canciones: La Copa Rota y Por Ellas de Jose Feliciano, nunca mencionaba a José José, con quien hacía dueto en esta última. 

- "Los mejores clientes" - decía - "son los políticos. Siempre van a todos lados con un enjambre de lambiscones oliéndoles el pedo. Como moscardón y mierda. Pero eso sí, cada vez que le doy bola a alguno, cada uno de los güeyes que van con él me paga y hasta me dice que me quede con el cambio." 

A veces el Cocoloco se ausenta de la cantina. Nunca le dice a nadie a dónde va, pero más de alguno ha visto su cajón de bola encargado con la recepcionista del hotel Bahía, que está a dos cuadras de La Filomena.

martes, 9 de abril de 2013

¿Porqué no puedo ser del Jet Set?

Con esa gente diferente
yo me codeo... ¡que tipo inteligente!
Tengo el bolsillo agujereado,
pero al menos tengo un Rolex
¡Lo he logrado!

- Soda Stereo


Las reuniones generacionales de la secundaria comenzaban a aburrir a Medina una vez pasado el golpe de nostalgia del principio. Ahora parecían una suerte de fiesta diplomática en la que los asistentes bebían coñac meneando garbosamente la copa y hablaban de sus viajes al extranjero o de las partidas de golf y de tenis mientras presumían también el título nobiliario, el currículum y hasta el pedigrí.

Medina sabía que su prestigio no era el mejor en tal círculo.

Pero a pesar de la pompa, alguien había preparado una enorme olla pozolera con una peculiar poción: jugo de naranja, de limón, de mandarina, de lima y de toronja; caldo de cítricos al que le habían añadido también una botella de Tequileño de a litro.

Menudo brebaje.

Cuando Medina entró al lugar, todos los presentes lo voltearon a ver, como forastero que abre las puertas de vaivén de la cantina. A todos les llamó la atención su rostro desencajado, la camisa desfajada y la melena alborotada bajo el sombrero, todo esto aunado a lo súbita de su irrupción.

- ¿Estás bien? - preguntó alguien.

Se dirigió a zancadas hacia la olla del ponche y sin decir nada se empinó cinco cucharones en rápida sucesión, haciendo ruido al sorber y derramando una buena parte del líquido por las comisuras de los labios. Se limpió con la manga y remató con un sonoro eructo, con lo que ganó que no le volvieran a dirigir la palabra durante la noche.

Veinte minutos más tarde dormía plácidamente en un sillón con la cara cubierta por su sombrero mientras la fiesta continuaba y su reputación seguía yéndose al carajo.

lunes, 8 de abril de 2013

Una serie de eventos seguida de otra serie de eventos

Charlie Runkle le dijo a Hank Moody alguna vez en tono irónico: "El propósito detrás de un blog es una narración continua ¿ves? Una serie de eventos seguida de otra serie de eventos." y hace un par de días, Guillermo Arriaga escribió en su cuenta de twitter: "El bloqueo de escritor no debe ser una excusa para dejar de escribir, sino un reto. Ve y derrota la página en blanco. Demuestra quien manda."

Son un par de breves acicates de los que últimamente me estoy encontrando por todos lados. Los dos mencionados son tan sólo un par de los más sutiles. Algunos otros han venido en forma de reclamo.

Sin embargo, ninguno ha sido tan feroz como el que silenciosamente me hace el conocimiento que tengo de mi blog esperando a que le añada algunos párrafos. El par de libretas que cargo para todos lados, equipado con lápiz y pluma y sobre todo con el par de ideas que desde hace tiempo dan vueltas en la cabeza.

Por si fuera poco, últimamente la falta de tiempo dejó de ser un pretexto más o menos válido para no estar tallando lápiz.

Me siento algo peleado, un poco encabronado, con el afán que han creado las redes sociales de escribir por escribir, o mejor dicho, de 'postear' por 'postear'. Como si la disposición de un medio para publicar y que un buen número de personas lean le imponga a todos la obligación de tener que decir algo rotundo cada vez y a cada rato, condenándonos a los demás a estar leyendo puras tonterías. Habrá que sacudirse un poco de esa influencia. Regresar a los viejos tiempos en los que el libro en la balija era el que mandaba y lo que había en el buzon era lo que a fin de cuentas hablaba por el remitente.

Habrá que pegarle duro.

Tallar lápiz y romper las teclas.

Salud