miércoles, 22 de septiembre de 2010

Carne de Cañón I - Qué más da



Psicodélica alborada
con amantes entrenadas
preguntándome en silencio
¿en qué ciudad estaré?

- Babasónicos - Camarín

Ese viernes por la mañana parecía el marco ideal para un día perfecto. Había dormido a pierna suelta y bien acompañado. No podía recordar el nombre de la jovenzuela perfumada de la que se había hecho seguir a esa habitación mercenaria. Qué más da. Lo importante era que continuaba allí y él pensaba volver a hacer uso de sus servicios, si es que lograba despertarla..., aunque pensándolo bien, qué más da. La chica se encontraba profundamente dormida, víctima del exceso de alcohol, del exceso de crack y el desenfreno sexual de la noche anterior. Él sin embargo estaba despierto, con sus sentidos alerta y con muchas ganas de seguir celebrando. Tal era su estado de euforia. No sabía qué hora era. Se alarmó. No podía haberse quedado dormido, no hoy. Se apresuró a mirar su reloj y comprobó con alivio que aún era temprano, las 10 de la mañana. Bastante temprano considerando las altas horas a las que había llevado su festejo particular. Ni siquiera se molestó en despertar a su nocturna acompañante. Después de un nuevo y aburrido jugueteo (la próxima vez sí la voy a despertar), cubrió con las sábanas la desnudez de la muchacha para que su vista no lo distrajera y le impidiera comenzar siquiera éste, su gran día. Caminó descalzo hasta el baño, despacio, aún podía darse el lujo de la parsimonia. Abrió la llave del agua fría del lavabo de mármol blanco del espacioso baño. Todo el baño era de mármol. Casi el triple del tamaño que tiene su cuarto de baño allá en casa. "A veces" – pensó – "los cuartos de motel cuentan con lujos de verdad inútiles". – Llenó de agua fría las cuencas de sus manos y se las llevó a la cara, rasposa a causa de la barba sin rasurar de ese día y por tercera vez en lo que iba de su recién estrenada mañana pensó, qué más da. El Licenciado Calibos comenzó a dar por terminado oficialmente el festejo y comenzó a pensar en la importante cita que tendría ese viernes al mediodía. Fue apenas ayer jueves cuando por teléfono le avisaron que el Licenciado lo quería ver urgentemente. Mañana, (es decir, hoy, viernes) Rancho La Camelia, rumbo a Colotlán, a las dos en punto de la tarde. La hora de la comida. El Licenciado se quiere reunir con usted. "Casi nada" – pensó en tono triunfalista – "Nomás la crema y nata del Consejo General". A pesar de medir menos de 1.65, el Calibos alcanzaba perfectamente a darse palmaditas en su propia espalda. Iba desnudo aún cuando se asomó a la cochera de la suite para verificar que su guarura personal estuviera despierto. El pobre tipo estaba a la mitad de un monumental bostezo en el asiento delantero del flamante Ford Cougar rojo sangre pichón (le gustaba decir eso) cuando el Calibos le hizo una señal para que se acercara a donde estaba él. Encargó un opíparo desayuno y se volvió a meter a la habitación. La chica seguía dormida, qué más da. De hecho comenzó a pensar que era mejor así. Pasaría después a casa a ponerse un buen traje, no, mejor iría a comprarse uno nuevo. Se iba a presentar por fin ante el Licenciado, la ocasión lo ameritaba. Independientemente de las buenas referencias que le hayan dado al Licenciado acerca de él, no cabía duda de que la primera impresión es la que cuenta. Es un axioma irrefutable de toda relación laboral. Reflexionaba en el luminoso porvenir que le esperaba a partir de ese día mientras se afeitaba. Por estar sonriéndole a su propia imagen en el espejo, estuvo a punto de cortarse la mejilla el muy tarugo. Pareciera que al margen de la habilidad política que cualquier lidercillo estudiantil pudiera tener, el cometer estupideces formaba parte del currículum. Volvió a mojarse la cara con agua fría, aunque tal acción atenta contra un buen afeitado, para despejarse un poco la mente. No podía permitir que el exceso de euforia lo hiciera cometer alguna tontería más grave que la de cortarse al rasurarse. Sacudió la cabeza con energía y se dio a sí mismo unas bofetadas al más puro estilo aqua velva y se metió a bañar. La ducha fría lo dejó como nuevo. Después de comerse con sibaritismo la mitad del desayuno que le habían llevado a la habitación gracias a la gestión de su custodio, salió de allí a paso veloz y oliendo a jabón chiquito, con rumbo a adquirir un traje nuevo para su reunión con el Licenciado. El buen Calibos había olvidado a su fugaz compañera, dormida y además desnuda sobre la cama, por si fuera poco, dejó la puerta abierta. Después de todo, qué más da.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ahora soy yo



Alguien se roba la luz,
alguien se roba tu perro.
Alguien se roba también
eso que estás escribiendo.
Alguien se roba tu nombre,
tu paz y tu tiempo.

- La Barranca - Día negro

El Licenciado Morales (¿o era Moreno?) había sido todo amabilidad en el teléfono, del trato meloso y zalamero que tanto detesto y que enciende de inmediato una luz de alarma en mi cerebro. Muy amable y cuidadoso en explicar los pormenores y detalles de la firma del contrato. Por eso tuve todo el cuidado de leerlo completo y con calma cuando el desgraciado me lo puso enfrente el día que nos reunimos en el café. Lo firmé rezando por no estar cometiendo un error y fue ahí cuando el Licenciado sacó el cobre, justo después de tapar parsimoniosamente su pluma fuente y recoger pudorosamente los papeles dentro de una carpeta. Habló de unos ajustes en las facturas en la parte de las deducciones. Terminaría por tener que devolverle más de dos mil pesos después de su dichoso ajuste. - ¿Porqué no me dijo eso antes de que firmara el contrato? - Pregunté tratando de no sonar agresivo. - ¿Habría firmado? - Fue su respuesta acompañada de una sonrisa cínica mientras se levantaba y me dejaba solo rumiando mi cabreo y además con la cuenta del café. Ahora soy yo quien hace gala de parsimonia sacando un cigarro de mi cajetilla, llevándolo a mi boca y encendiéndolo mientras me alejo lentamente del auto con todo y ruido de alarma en tanto que los caros asientos de piel son manchados por la sangre que emana de la sien del Licenciado Moreno (¿o era Morales?) mientras el ladrillo descansa rodeado de fragmentos de vidrio en su regazo.

jueves, 12 de agosto de 2010

"No se crean, ya la cagamos"

"Todo hombre es como la Luna:
tiene una cara oscura
que a nadie enseña."
-Mark Twain

No recuerdo con exactitud la fecha, ni siquiera el año, me gustaría hacerlo (¿primera mitad de los 90s?), pero recuerdo el evento y el lugar. Fue el legendario ROXY de Mezquitán 80 acá en Guadalajara. Había ido a ver un toquín de mi amigo Héctor Buenrostro con su banda LID. Mis saludos. Ese día se presentaron más bandas y en honor a la verdad la entrada no fue muy buena aunque podemos decir que fue aceptable, además era el Roxy. Palabras mayores.

Una de las bandas que se presentaron era PLASTA, que tenía a su vocalista Ilhuicamina (si sus papás pensaban en Moctezuma Ilhuicamina, quinto Huey Tlatoani, al nombrarlo entonces supongo que está bien escrito), en aquel entonces era una de las bandas subterráneas más prometedoras en Guanatos y esa noche fueron protagonistas de un acto que no creo olvidar nunca.

Les fue mal en su presentación, la raza pasó sentada su interpretación, estábamos aburridos. Los chavos de Plasta no lograban prender y ellos mismos se notaban desangelados. En una de sus canciones cometieron un error (yo no me había dado cuenta) y se detuvieron. Ilhui dijo: "Perdonen, fue una falla técnica", después hizo una pequeña pausa y añadió: "No se crean, ya la cagamos".

Fue la última vez que tuve una noticia de Plasta.

También fue la última vez que recuerdo haber visto a alguien aceptar un error en público.

La vida me ha dado la oportunidad de trabajar como consultor o asesor en mi calidad de profesional de la informática con gente que está inmiscuida en la política (espero que eso no signifique que yo también lo estoy, tengo una imagen que cuidar y muchos amigos que me gustaría conservar) y debo decir que se trata de un mundo fascinante e interesante, que no bonito, por lo menos para mi.

Me llama la atención que ninguna de esas personas se equivoca, ninguno comete errores. Ninguno la caga.

Me ha tocado estar en el equipo técnico que ayuda a estas personas a preparar informes y comparecencias y me consta que uno de los objetivos principales es no evidenciar un error, un trabajo mal hecho... mucho menos una transa.

Todos los días en la radio, en los periódicos, en internet y en la tv sigo los interminables escándalos en los que esa gente se mete, he escuchado las entrevistas que les hacen y los ataques de los que son objeto cuando alguien los llama a cuentas o les señala lo que esta mal y he sido testigo de la caradura y el cinismo del que hacen gala para escurrir el bulto, sacarle la vuelta a esas cosas con increíbles excusas, demagogia y una enorme sonrisa de oreja a oreja que les permita seguir luciendo bien en las fotos. Solamente les hace falta decir "me los estoy haciendo güeyes... ¿y qué?"

Cada semana hay fútbol en todos lados, alimento vulgar de la mediocridad mexicana (me castra pero ¡ah, cómo me merece comentarios!), cada jornada no falta el equipo que defrauda a sus aficionados y siempre, al final de cada partido entrevistan a uno o dos jugadores y a veces al técnico también. Usted diga si no: "jugamos bien pero no se nos dio el gol", "aunque perdimos hicimos un buen planteamiento", "fue mala suerte", "fue el árbitro", "fue la cancha", "fue injusto"...

Daría muchas cosas por escuchar algo parecido a: "No se crean, la cagamos"

¡Sería genial!

No me diga que no le gustaría...

Estamos rodeados de gente mentirosa que es capaz de vender a su madre antes de aceptar un error.

De matar antes de aceptar un error.

Aceptar una equivocación convierte a quien lo hace innegablemente en alguien responsable de dicho acto, y estas personas no se quieren hacer responsables ¿se da usted cuenta? son unos IRRESPONSABLES.

¿Usted y yo de qué seremos capaces? Digo, no todos somos políticos, ni deportistas ni figuras públicas pero estoy seguro de que también hacemos un mayor o menor esfuerzo por mantener alguna fachada o máscara. Yo no puedo decir que yo no sea así. Como todo mundo tengo un montón de defectos pero no voy a hablar de ellos aquí. Al igual que a usted, a mi quien me juzga es mi gente, mis alumnos, mis jefes, mis clientes pero ¿a estos sinvergüenzas quién? ¿quién?

Gente que nadie sabe que existe y que todo lo ve desde arriba pero ¿a nosotros qué?

Nosotros queremos ver sangre, je, la de ellos, claro está.

Pero creo que queremos más que hagan su chamba y que se responsabilicen de ella.

Yo no sé si fue por esa actuación en particular o porque ya venían arrastrando algún problema pero no volví a saber nada más de PLASTA. Siempre los recordaré como alguien que en público dijo:

"LA CAGAMOS"

Me gustaría recordar la fecha.

lunes, 2 de agosto de 2010

¿Siguen existiendo buzones?

Es, por lo general, de un modo sutil que hago indirectas y llamados de atención sobre la falta de reciprocidad a la hora de tratar de mantener comunicación con mis corresponsales. Creo que ya estuvo bien de sutilezas...

Qué poca madre.

Desde que era niño adopté el hábito de enviar cartas como una forma entrañable y cercana de comunicación; y por cercana me refiero no precisamente a cuestiones de distancia geográfica ya que esta forma de contacto nació precisamente para cubrir grandes distancias. Digo que era cercana porque era algo muy personal, abrir el sobre y coger el papel, doblado, arrugado o lisito, qué importa; saber que el ser querido había tenido ese papel en sus manos antes que yo era algo sabroso, no importaba si venían escritas con una excelente caligrafía, tinta, lápiz o crayola, algún borrón, quizás alguna lágrima o un exquisito perfume. No sé si siga existiendo gente que se siga comunicando así. Yo recuerdo haber tenido que escribir la carta, ir a la papelería a comprar timbres postales, elegir sobre color blanco o aéreo, conocer las reglas de escritura en sobre, remitente y destinatario. Caminar algunas cuadras para depositar el sobre en un buzón (¿siguen existiendo buzones?) con todas mis bendiciones para que llegara a su destino. Podían pasar días, semanas o meses para obtener una respuesta. Una partida de ajedrez a distancia podía llevarse muchísimo tiempo. Pero de algún modo tenía la certeza de que iba a haber una respuesta, tarde quizás; y sufría imaginando las peripecias de la correspondencia de ida o de vuelta. Pero eso no importaba tanto como el resultado final.

Era un arte.

Hoy la cosa no es tan artesanal y aunque no tiene la misma mística de la correspondencia tradicional uno puede, si se esfuerza, darle un toque personal a sus cartas, digitales y todo. Me considero alguien capaz de hacer de una relación personal algo cálido a través de internet.

Recuerdo la primera vez que impartí un curso de internet en el que tenía que explicarle a los bisoños usuarios de un tal proveedor del servicio lo que es el email. Cuando oprimíamos el botón send y yo les decía "la carta ya se fue" con un ademán de misterio a la espera de la consabida pregunta "¿cuándo llegará?" y las caras de asombro cuando yo decía triunfal "ya llegó".

Pensé y sigo pensando en el internet como una herramienta de comunicación chingonsísima. El hecho de contar actualmente con tantas herramientas para comunicarse con alguien: el mencionado email, las mil redes sociales, los miles de chats, el twitter, el celular, la conectividad entre la telefonía y el internet, los mensajes de texto me tiene convencido de que quien no se comunica es porque no quiere.

Mi mujer alguna vez me dijo que las amistades se deben de cultivar y me convenció. Sigo convencido, hasta llevé en algún momento un método para periódicamente tratar de comunicarme con todos ellos, sin que se me fuera a olvidar ninguno y aunque sea de vez en cuando escribirles y decirles "solamente para saludarte y saber que estas bien, te deseo lo mejor" pero honestamente me comencé a hartar de escribir como tarugo y obtener nulas respuestas. Creí ingenuamente que iba a lograr sembrar en una buena parte de ellos la necesidad de adoptar aunque sea de vez en cuando, el papel de remitentes.

Qué poca madre.

Sí, me molesta y me molesta mucho, me parece más que un simple capricho el pretender que alguien tenga la decencia de contestar un comunicado aunque sea para mandarme al carajo, lo preferiría a la ausencia total de respuesta. Esperar a que alguien tenga la iniciativa de comunicarse sin que yo lo haya hecho antes es demasiado iluso. Vaya, nadie tiene porque querer comunicarse conmigo a la fuerza, pero responder a un comunicado debería de ser educación básica ¿no? Tal vez sea un capricho ¿pero porque no sería respetable?

No todos mis contactos son así. Con muchos de ellos convivo más allá del internet, en el mundo real. Pero eso es otra cosa, con ellos no necesito artilugios modernos para comunicarme. Las personas a las que ya no veo en la chamba, en la escuela, con las que no convivo cotidianamente y me veo obligada a estar pendiente de la computadora o del celular para saber de ellos. Son muchos y la verdad me cansé de gastar tiempo y dinero tratando de estar en contacto. Algunos pocos por lo menos contestan los emails, aunque después olvidan redactar alguno que no sea una respuesta a una comunicación previa. Para que cuando alguna vez nos encontremos me digan con desfachatez "¡qué milagro!". Insisto, me cansé y el resultado es el natural alejamiento que he tenido con algunas personas, tal vez alguna vez los vuelva a echar de menos y sea mi responsabilidad una vez más retomar el contacto. Pero a muchos no.

Qué poca madre.

Qué poca madre tienen.


Me siento obligado a mencionar que hay personas contadas con los dedos de una mano a las que no les queda este reproche, honrosas excepciones a quienes prometo consentir más con la frecuencia de mis comunicados, ellas saben quienes son. Gracias mil!

REFERENCIA: Relato en el que trato el tema - > EL VERDADERO EMAIL

jueves, 15 de julio de 2010

Manual Ultra Rápido para Saber qué Diantres Hacer Cuando de Repente se tienen un Par de Horas Libres (gracias a un impuntual)

Es en ocasiones como ésta en las que me doy cuenta de lo hecha que tengo mi rutina.

Rutina.

Me molesta esa palabra, lo suficiente para disfrazarla con un eufemismo: ¿costumbre? ¿hábito? Los matrimonios le temen y a mi me da en cara porque pone en evidencia el sedentarismo del que trato de huir escribiendo.

¿Escribir no es una actividad sedentaria?

En fin, no se trata de hacer una reivindicación de mis propósitos de año nuevo sino de tratar de echar para afuera el sentimiento de culpa que me da el haber avisado a la oficina mi inasistencia de hoy por la tarde. No les dije, desde luego, que iba a emplear el tiempo en darle cauce a un proyecto personal, que iba a ir a un café a hacer una entrevista de las que realizo para confeccionar un libro. Imagínese.

Disfruto de los cafés, la vista, el ambiente, por supuesto la bebida; pero lo que más me gusta de ir a un café es charlar con la(s) personas(s) que para tal fin se supone que me acompañan.

Verme de repente solo en la mesa a causa de una cancelación, con todo el tiempo que había reservado ex profeso, desata en mi la ansiedad del "¿qué chingados hago ahora?", "¿a dónde chingados voy?", "¿a quién chingados le llamo?"

Mi directorio telefónico está lleno de contactos que también tienen sus ocupaciones.

En realidad el tiempo del que dispongo no es suficiente como para ir y realizar otra actividad que no sea aquélla para la cual reservé dicho tiempo (ni siquiera la actividad a la que le tuve que escurrir el bulto en primer lugar).

No tengo conmigo un libro ésta vez pero traigo el periódico del día. Tomar nota: No olvides tus libros.

Traigo mi cuaderno, de suerte que pude escribir esto en algo más que servilletas.

Como dije lineas arriba, hay buen ambiente (La Cafetería, Robles Gil y Libertad), buena música, buena vista (¡si señor!), buen café... tan sólo no hay compañía.

Creo que me tengo que despojar de la preocupación y la culpa que me vienen cuando de repente me encuentro con un par de horas libres y disfrutar el rato...

...aunque sea yo solo.

martes, 13 de julio de 2010

La piedrita en el engrane II


¡Cuanta gallardía, chingá!

Hay veces en que la solución a un problema suena tan simple que no nos explicamos cómo es que apareció dicho problema en primer lugar.

Hace unos días anunció el Secretario de Vialidad y Transporte de Jalisco, Diego Monraz la colocación de cámaras de video en las afueras y en el interior del recinto donde se aloja dicha secretaría con el fin de combatir la corrupción. Todos estos temas tienen muchos detalles con los cuales se puede formar una discusión y una polémica.

El simple hecho de hacer lo anterior me dice que el Sr Secretario acepta que en la secretaría a su cargo existe la corrupción (¿habrá colocado camarita también en su oficina?).

Sin embargo, una vez más se le da a la corrupción el trato de ente fantástico y terrible, enemigo de la decente sociedad jalisciense. Olvidan quizás decir que la corrupción es un aparato tan asentado y organizado que no basta con las ingenuas buenas intenciones de campaña mediática para erradicarla con una medida como la de las camaritas.

Pongámonos por un momento a hablar de uno de los dos lados de la corrupción que casi nadie toca y si lo hace, es de un modo moralista y mojigato.

Hablando de Vialidad y Transporte ¿quién es el corruptor? Resulta que el corruptor es usted y soy yo, el ciudadano común y corriente al que le gusta jugar el papel de víctima pero que sin lugar a dudas es el insumo principal de este aparato.

Todos hemos tenido prisa, todos hemos tenido un mal día y lo reflejamos al conducir, todos cometemos torpezas, todos nos sentimos ases del volante, a todos se nos hace fácil dar una vuelta prohibida, pasar un alto o hacer caso omiso de algún señalamiento. Y casi ninguno tiene a la mano la Ley de Tránsito y Vialidad de Jalisco o sus documentos en regla.

Imagínese el festín para un agente (vulgo, támaro) que simplemente se pasea en moto como tiburón en medio de un cardumen. Seguramente los peces también piensan que el tiburón es malvado.

El támaro no hace más que explotar nuestra ignorancia de las leyes, nuestra güeva de ir a tramitar nuestros papeles, nuestra negativa a salir de nuestra comodidad yendo a perder una mañana en la secretaría y sobre todo, nuestro miedo a la llamada de atención, a que a nuestro vehículo se lo lleven al corralón o nos quiten nuestros papeles. En resumen, explota nuestra necedad de no hacernos responsables de nuestro vehículo ni de nuestra forma de conducirlo.

¿Usted cree que el inofensivo támaro se va a ir a tomar un refresco y a comer una torta ahogada con los 100 pesos que le de por perdonarle pasarse una luz roja del semáforo? ¿De verdad cree que ese dinero es para él?

¿Cuánto dinero cree usted que recauden, digamos en medio día? ¿le gustan $2,500? ¡Todo mundo querría ser támaro!

¿o no?

¿Usted quisiera ser támaro si le dijeran que esos dos mil quinientos pesos se los tuviera que dar completitos a su comandante? ¡claro! Porque si no, se baja usted de la moto y se va a tragar smog al crucero más jodido que encuentre para usted el susodicho comandante, o lo sientan en una bici para que queme esa panza de mariachi que se carga. No, mejor seguir subido en la moto pescando incautos, es más fácil, aunque todos los días encuentre la moto con un par de litros menos de gas que cuando la entregó el día anterior y le tenga que llenar el tanque de su bolsa (habrá que esforzarse y sobrepasar un poco la "cuota" pa' que salga pa' la gas) ¿No le habían puesto bujías nuevas a su moto? ¿si? ¿y dónde están? Si mete usted su moto al taller corre el riesgo de tenerla detenida toda la semana y con eso no poder cubrir la cuota. No, mejor meterla a un taller particular aunque deba pagar una vez más de su propio dinero (¿dije "propio dinero"? jeje). Quizás al final del día quede algo de plata para cenar algo.

¿Se imagina usted porqué a veces los támaros parecen tan implacables?

¿Usted cree que alguno de verdad tenga deseos de no morder?

Póngase ahora por un momento en los zapatos del comandante... vaya, los números que estoy mencionando son al tanteo pero la ecuación es sencilla: La mitad pa'rriba. La cuarta pa'bajo. ¿quién sigue después del comandante? ¿y después? Coja usted altura.

Pobrecitos ¿verdad?

Como el tiburón, no son malos, hacen lo necesario para vivir en su medio.

¿Qué pasaría con los tiburones si se les acabaran los bancos de peces para comer?

Haga un experimento. La próxima vez que se pase un alto, o lo pillen con exceso de velocidad amárrese un güevo y no le dé ni madres de dinero al támaro. Lo único que pasará es que deberá sufrir la sanción correspondiente.

Solo imagine un día (uno), sólo 1 (uno), en el que ningún támaro obtenga nada de los ciudadanos. Piense por un momento lo que le ocurriría al Aparato Completo.

Sólo un día, carajo.

Si usted estudiara un poco el reglamento de tránsito bien podría defenderse con éxito ante cualquier intento de abuso... Si usted se tomara unas horas podría ir a pagar su refrendo al inicio de cada año, su verificación ¿porque no? a todos nos gusta traer afinadito el carro. Saque como es debido su licencia y refréndela cada vez que expire. Si toma no maneje. Cuide su forma de conducir. Hágase responsable de las tarugadas que haga al volante.

Suena fácil, mas no cómodo.

¿No quiere hacerlo? Nos haría un favor a todos dejando de conducir, la verdad.

No sea güevón(a), no sea tont@, deje de ser un buen negocio para estas ratas y entonces podrá exigir.

domingo, 4 de julio de 2010

El oficio vendrá y te agarrará de los tompiates...

Dado que no hay plazo que a su término no llegue,
aquí sentado frente al bloc de notas me tienes.
Tanta blancura impone; a intimidarme alcanza.
Trato darme valor y digo:
"vamos, no pierdas la esperanza".

- Menuda Coincidencia en Verso ¿sin esfuerzo?

No puedes evitar recordar a los personajes de Trino en La Chora Interminable: un escritor en mangas de camisa con un eterno cigarro en la mano que nunca escribe nada y una Musa chafa acompañándolo... vaya, te consta que las oleadas de inspiración de repente llegan y no te dejan en paz hasta que les das salida. De repente usas tiempo clandestino para aventajarle a la novela que espera pacientemente desde hace meses a que le añadas capítulos, párrafos. Dejas de escribir algunos códigos, algunos programas, chamba que todo mundo espera que hagas para ayer para sacarte de la manga un capítulo de 5 cuartillas para la mencionada novela. Excelente, pero de pronto el sentimiento de culpa asqueroso y detestable llega a fastidiarte el momento de éxito. Tomas por asalto tres cuartos de hora que se supone son para otra cosa y te metes a un café con una silla cómoda y un enchufe cercano para la laptop y se te van dos tercios del tiempo pensando qué demonios escribir que justifique la infracción. Tarde de lluvia, dispones de un par de horas a solas en tu estudio... tasa de café, pachita nalguera con un poco de licor, un par de rebanadas de pan tostado, y pinchemil gigas de música a tu disposición. Nada. Sabes que no tienes todo el día, toda la tarde... ni siquiera toda la noche o días próximos. Tu oficio regresará a agarrarte de los tompiates y no te los soltará hasta que termines los reportes para el sistema de información de los programas de inversión escolar, o que le avances algo al sistema de información hospitalaria que tiene meses de retraso y que te está robando mucho de tu tiempo, la chamba por fuera ocupará tus tardes y tus noches; hasta tiempo del que oficialemente no dispones. Carajo. Darías mucho para que eso se acabe y puedas usar ese tiempo para escribir otras cosas. Paciencia, te dices mientras los minutos pasan y se acerca el momento en que deberás apagar la computadora y olvidarte hasta nuevo aviso de contar con tiempo disponible para "escribir".